Comer cuando sale el sol

Llegó al puerto de la ciudad y se sentó en una caja que algún pescador havia dejado apoyada en la pared. El gato se separó de ella en un momento en el que vió como un pescado de costa se caía de una caja llena de pescados diferentes. Lo cogió al vuelo.
Sacó una flauta índia de su bolsa y empezó a tocar su melodía, una melodía encantadora. Un viejo marinero, se acercó a ella para recitarle un poema de esos que le salen al alma marinera sólo en el instante en el que oye el cantar cegador de las sirenas. Su gato subió de nuevo a su espalda lamiendose los bigotes. Ella guardó su flauta india en la mochila y se despidió de su nuevo amigo agradeciéndole el poema.
- Gracias a ti por alegrarme el día con tu música preciosa, ¡preciosa! - Contestó el viejo marinero.
Con una sonrisa y siempre manteniendole la mirada, ella se despidió de él.

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