De regreso

Saliendo del local, se despidió de su amigo con un abrazo. Subió a su bicicleta y paseando entre las calles y canales de Amsterdam iba recordando esos años que pasó en París, unos años inolvidables que le dejaron un bello recuerdo de la ciudad de la luz. Su vida había sido un ir y venir de bellas mujeres, sensaciones y nuevos paisajes. Ahora el destino le había llevado a estar recorriendo esos callejones de cuento. La verdad es que a él le resultaba más bella esa ciudad en enero, pero ya estaba mayor y no podía marchar. Su cuerpo le pedía un poco de tranquilidad.
Un pequeño bache le devolvió a la realidad del paisaje. Ya casi había llegado a su pequeño piso, un piso que iba pagando como los cuadros que vendía a las mujeres ricas de Holanda a las que les fascinaba su estilo. La verdad es que le pagaban bastante bien cada una de sus obras, pero a él no le importaba el dinero mientras pudiera ir viviendo.
Paró la bicicleta, la encadenó al barrote que tenia justo en el portal y subió por las escaleras tranquilamente. Abrió la puerta y encontró su piso tan solitario como siempre. Eran las once de la noche y le apetecía plasmar las historias que había estado compartiendo con su joven amigo futbolista. Cogió pincel y paleta y se puso a pintar hasta el amanecer.

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